
El encargo del Centro de Arte La Regenta para la conceptualización y diseño editorial del catálogo ‘La tierra prometida (y otros dildos)’ supuso un reto de enorme calado profesional. No se trataba solo de maquetar una publicación, sino de dar orden visual a más de treinta años de trayectoria de José Luis Luzardo. Bajo el comisariado de Antonio P. Martín, el proyecto reúne un centenar de obras que transitan por la pintura, la escultura, la fotografía y la instalación, lo que exigía una estructura editorial capaz de unificar soportes tan diversos bajo un mismo relato coherente.
Mi propósito al afrontar un diseño de estas características es que la gráfica no actúe como un simple contenedor, sino que dialogue con la obra y respire su esencia. En el caso de Luzardo, este proceso comenzó con un análisis profundo de su universo, donde la sexualidad, la religión, la muerte y la tierra se entrelazan de forma indisoluble. Entender su trabajo implica comprender una Tierra Prometida particular, cargada de ironía y referencias a grandes nombres de la historia del arte como Duchamp, Warhol o Juan Hidalgo. Mi labor fue traducir esa «Jauja» creativa —abundante y libre— en un espacio editorial que revelara su verdadera dimensión.
La propuesta visual se mueve entre la pureza geométrica y la pulsión erótica. La obra de Luzardo utiliza el círculo como símbolo de lo sagrado y lo divino, contraponiéndolo a formas verticales y esbeltas vinculadas a sus icónicos dildos. Estos objetos, que el artista eleva a la categoría de crítica social, dictaron la dirección estética del catálogo: un equilibrio entre el lenguaje POP más vibrante y la sobriedad necesaria para abordar temas tan profundos como los vicios y miedos de la sociedad actual.
Esta dualidad se manifiesta finalmente en una arquitectura tipográfica muy meditada. La elección de Raleway Bold aporta una rotundidad casi arquitectónica en los titulares, mientras que GT America Condensed introduce el ritmo y la verticalidad que exige el discurso del artista. El resultado es un catálogo donde curvas y líneas rectas conviven en una tensión armoniosa, funcionando como una extensión visual del proceso creador de Luzardo: un viaje libre, irónico y profundamente humano a través de su propia geografía artística.
















